Ante un Espejo Fingido. Écfrasis, Pedro Miguel Lucia acerca del autorretrato de Murillo

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Ante un Espejo Fingido
“Chissá per gioco…”
Gianfranco Dioguardi

Me pruebo autoretratos y retratos,
meto imaginariamente la cabeza
por el hueco donde más o menos pudiera asomar
mi cara, en lienzos miles de veces vistos y reproducidos;
juego a verme, mis rasgos esquilmados por el pavor
de la inminencia de la muerte, en un Bacon, ora
esquematizados coronando una suerte de Duchamp
descendiendo una escalera, o tal vez serenos
y pretexto de la luz, retratados a la manera de Sorolla.

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Con el complaciente Photoshop estos son posibles devaneos,
más allá del póster con tu cara como Frida Kahlo,
del inevitable Love de Robert Indiana en acetato, del falso
Warhol en la habitación de huéspedes.
El arte imita al arte, los humanos a los humanos,
los dioses a los dioses y los soles a los soles:
nada nuevo bajo estos.

Dí en hacerme una poco meritoria Vanitas;
sólo tenía que elegir de qué objetos iba a rodearme,
con qué gráfica prosodia estructurar mi emblema,
pensándolo bien, casi mi epitafio en impostura.
Ese fue el momento en que los productos del arte,
cuadros, representaciones, páginas de la web, exposiciones,
de los que me ayudé y tomaba como un divertimento,
dejaron de tener ese carácter y pretexto.

1
¿Qué objetos me son propios?¿Qué me representa?
¿Qué da razón de mi existencia?¿Quién soy?
Comenzaron súbitamente las preguntas, pesadas como moscas.
Habían entrado. Por alguna rendija. Se transforman. No paran.
Puedo atenuar su volumen. Pero no dejo de oírlas.
Se diría son un castigo por inventarme una imagen vanidosa,
Nacida quizá por juego y no de ninguna necesidad.

Cualquiera hubiera hecho lo mismo: ver aún más pintura,
o al menos más de aquella que me pareciese respondía
a las preguntas más insistentes, urgentes e inmediatas.
Desasosegantes como cristales rotos en el suelo, llamadas
sin respuesta, diagnósticos incomprensibles.
Quería entresacar metáforas potentes, ejemplos a imitar;
y que no fueran las consabidas calaveras, ni los relojes,
ni ningún instrumento musical -sería una broma, si ni sé cantar.

Salté de Bernardo Strozzi a Valdés Leal, quería encontrar
y tropecé, “Bartus Murillo seipsum depin/
gens pro filiorum votis acpreci/bus explendis”,
la justificación del autorretrato, entre los objetos propios de su trabajo,
lápiz, compás, paleta, pinceles y nada más: ni rastro de vanidad.
Sólo caí en la cuenta de la mano asomando en trampantojo luego.
Al ser la derecha del pintor -la mano útil, la uña manchadano
podía tratarse de un espejo: aquí no está lo visto.

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2
El gran sevillano siempre encendió más de una vela:
“Ved cómo en mi autorretrato no estoy, ni aquí ni allá,
ni acá ni más atrás. Toda la Pintura es Artificio.”
Parece una lección llana y llevadera, pero saberlo cuesta
la vida entera. Con un único guiño está todo en su sitio.
Una persona es donde está, y si lo conoce ocupa su lugar
en el maremágnum de la historia.
Una persona es donde está, y si lo sabe puede
salir y entrar entre el engaño y la verdad.
(Mis preguntas no se van pero al menos
puedo ver por dónde empezar).

Pedro Miguel Lucía
Madrid, Mayo, 22, MMXV

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